La Inquisición española fue una de las instituciones fundadas por Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla para imponer la ortodoxia religiosa en sus reinos, sustituyendo a la Inquisición papal existente, dirigida directamente desde Roma. En esos reinos había leyes que obligaban a los residentes judíos y musulmanes a convertirse al catolicismo, y la Inquisición participó en la vigilancia de esas conversiones. Las personas acusadas de herejía eran condenadas por falsa conversión, por ser herejes cristianos o por cometer algún otro delito contra la doctrina católica romana, y a menudo eran sometidas a tortura. Córdoba fue la sede de uno de los primeros tribunales permanentes de la Inquisición española, fundado en 1482, y la Torre de la Inquisición del Alcázar albergó durante varios siglos los archivos del Tribunal de la Santa Inquisición. Entre 1540 y 1700 se registraron, según los informes, 883 procesos y 8 ejecuciones en Córdoba, aunque se considera que las cifras reales fueron de al menos 5.000 procesos y 27 ejecuciones. Al menos 26 personas también fueron ejecutadas 'en efigie'. Durante los autos de fe entre 1701 y 1746, se calcula que en total 161 personas fueron ejecutadas (en persona o en efigie) y penitenciadas. Pero no pienses que ser quemado en efigie era un castigo suave: una razón habitual por la que las víctimas eran ejecutadas en efigie era que habían escapado al exilio en el extranjero o ya habían muerto en prisión. La Inquisición española fue finalmente abolida en 1834 tras un siglo de influencia y poder en declive, y hoy su época suele recordarse como un periodo de extrema intolerancia religiosa y persecución.
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